Así, como
si nada mas importara
desplegó las alas,
las oscuras
e imponentes
plumas afiladas,
abrasaron
las titubeantes olas
del alarde viento.
Con libertad sublime
abanicó el silencio. . .
De la agreste tierra
arrebató
el polvo sigiloso
y revolcó el pudor
del joven tiempo
entre el pesar incierto
del suelo muerto.
Levantó impaciente
su plumaje decidido,
despreciando
el fuego abrasador
del astro eterno,
se pensó un segundo
y arreció con ansiedad
el denso vuelo,
dibujando estelas de silencios!
Se impactó en le claroscuro
del celeste azul nublado
y subrayó el espacio embovedado
del silente viento puro.
s si mismo se miró
y se fundió en atroces
mascaradas transparentes
de vientos mentirosos. . .
feroces! . . .susurrantes! . . .azarosos!
descansó las alas
en camas onduladas
planeó con arte
las sombras blancas
en lo espeso dibujadas
y le bastó en picada
romper las olas
de capas insensatas
de esferas encimadas
Rompió
con sus alas el viento,
con sus sueños el tiempo
y con sus ojos el espacio;
rebanó hondonadas
escondidas de gritos,
decadentes de susurros
y anacrónicas de llantos
que acarreó en el vuelo.
Su mirada estoica
se arrojó hacia el suelo
inquebrantable,
volandera e insensata;
si inclinó inclemente
presumiendo muerte;
en el canto del destino
reventó la línea,
re esbozó el bosquejo.
Decantó un soneto,
con sus alas; turbulento,
satírico y burlesco.
Se mofó del viento,
de la tierra y del suelo,
otra vez inclinó el vuelo
con el canto de las plumas
y sin ambage abandonó
el tan añorado viento.
Se detuvo un segundo,
dos. . . . tres. . .
algún tiempo incierto
así. . .
con el desplegado negro
abanico al cuerpo abierto
con la majestuosidad
del plumaje estoico
presumido y duradero
Se hizo a si mismo trofeo
de su propia gloria
se colgó de medalla
las plumas
del henchido pecho
y levantaba el pico
orgulloso al cielo
cual tallado perfil
de busto gargolesco
poco a poco fue hundiendo
en la negrura el alero
de su delicado cuerpo,
y devolvió al viento
el susurro de su pecho,
se arrojó de nuevo al cuento
de su efímera vida
y por un segundó se entendió
que dominó el silencio.
De eso, yo,
me quedé el silencio
que reinaba al momento
me sequé las lagrimas
y controlé mi llanto;
sentí lástima de mi
de mi cuerpo y
del vil lamento
que rondó mi cerebro. . .
¡Maldito seas cuervo!
y . . . ¡Maldito sea tu alero!
Te maldigo por envidia,
por la envidia te maldigo
de no poder con mis alas
conquistar el alto cielo
como nacido castigo!
¡Te maldigo el alero!
¡lo maldigo porque lo venero!
viernes, febrero 29, 2008
Pájaro negro y negro el alero
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